Lo mio no tiene remedio, soy uno de esos desgraciados que tienen una enfermedad desconocida, sin remedio aparente. Me voy a enamorar de quien no debo. Porque a ver, ¿a alguien se le ocurre qué he podido encontrar yo en un chico de pueblo, al que no le gusta leer libros, que prefiere una noche bailando y bebiendo al ritmo del house o el dance antes que pasar una tarde charlando en un mesón donde es la música la que está de fondo y no tus amigos? Es un chico guapo, no lo niego, pero que es de derechas (del PP)e intransigente, vamos que para él como para Botigliogne la homosexualidad es pecado y las mujeres no deben conducir, por no hablar de que para él como para Aznar, la guerra de Irak fue lo mejor que se pudo haber hecho. Porque podría ser de derechas, pero ser dialogante, reconocer las cosas y ser un poco objetivo, pero no.
Además, tiene novia, le gustan los coches y el tuning más que a un tonto un caramelo.
No tenemos en común nada, que yo sepa, lo único en lo que coincidimos es en el futuro que se nos perfila, porque ambos hemos realizado el mismo curso de "defensa del consumidor" y es posible que trabajemos codo con codo, salvo que uno de los dos olvide esta profesión, nos vamos a seguir viendo por muchos años todos los días.
Y si esos es así, yo voy a acabar muy mal, ya tengo los nervios desquiciados...
Si alguien ha pasado alguna vez por algo parecido... que me cuente cómo hizo él, porque yo estoy muy perdido.
Se que si le cuento que soy gay (no se me nota) se enfadará, al menos es lo que creo, porque ya hubo un momento en el que bromeando, hice un pequeño ademán para tantear y él me dijo en plena mitad del curso, que menos mal que no era gay, porque de haberlo sido, él se hubiera dado de baja con tal de no estar a mi lado.
Sé que es algo despreciable, me hizo mucho daño, pero lo que siento por él me hace ver con otros ojos todo lo que dice, hace o insinúa. No le veo las malas intenciones, sino la ingenuidad y la ignorancia de alguien como él, con sus caracteristicas, su personalidad y sus orígenes.
El día 17 del pasado mes llegamos por fín a nuestro ansiado destino. La verdad es que no fue un recibimiento fastuoso, no hubo ningún ágape y no hicieron tocar ningún himno de bienvenida a nuestra llegada. Tampoco lo esperábamos, no somos de la familia real ni pertenecemos al clan de los Aznar. La primera en recibirnos fue Susana, una chica joven, no tánto como la homónima dueña de la canción del ratón y un tanto resultona que se trababa al hablar.
Se nos pidió colaboración, porque nos tenían que dividir en dos grupos, uno para cada planta. Nos presentaron a las responsables de las diferentes unidades de servicio que hay en el lugar. Se trata de un edificio gris, uno de esos complejos llenos de oficinas y salas de juntas, poblado de un millar de hormigas que lo recorren constantemente. La decisión fué fácil, como todos estaban nerviosos, demasiado agarrotados como para tomar alguna decisión, establecí que Luis, Juan Carlos y yo, nos pondríamos juntos, con lo que a Jose no le quedaba más remedio que bailar con la más fea. Fea cuyo seno restregó por mi codo una decena de minutos antes de conocer a la tartaja.
Durante los primeros días y hasta que tuvimos alquel altercado con la tutora, no estuvimos mal, teníamos algún que otro roce con Juan Carlos, más que nada por su pasotismo, que ponía frenético a Luis y a mi me daba un motivo para estar constantemente hablando de él.
Mira que me gusta ese chico. Me da rabia, porque siempre me voy a enamorar de los heterosexuales gallitos, esos fachitas chulos que no hay quien aguante. Bueno, no tanto porque en el fondo es un chico muy majo y aunque es un tanto ingenuo lo que trata de compensar con una fachada de pijo capullo y borde, la bondad es la nota dominante.
El caso es que el primer día tampoco hicimos mucho más. Con subir a conocer a los que durante un mes serían nuestros compis, aprender algunos de sus nombres y cual era la ubicación del archivo, tuvimos suficiente.
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